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La Coctelera

Adios: Confesiones de un suicida

Te dejé en medio de la carretera, tirada, avanzando bajo la luz de la ciudad distante, mi vida, te dejé una vez y para siempre

11 Junio 2006

A Pedro

Recuerdo cuando hablábamos de aquello, en verdad de todo ésto; nos preguntábamos, allí, sentados esperando el autobús, sin verla y sabiendo que estaba detrás, qué pasaría si uno de nosotros se tirara por un puente. O se ahorcara, que no es la cuestión (y, no sé por qué, pero siempre ¿te has fijado? ilustrábamos la idea con el puente, tirarnos de un puente. Qué tendrán los puentes de especial eh, amigo, que tan claro lo veíamos así), y se fuera para siempre claro, se muriera, se suicidara queriendo, pensando en no volver... para mirarlos a todos. Hablábamos de que nos gustaría verlos, uno por uno, y saber qué sentían y cómo reaccionaban a nuestra muerte. En el momento exacto en que un tipo cualquiera, que tampoco es la cuestión, se lo comunicara por teléfono. O el profesor lo dijiese en clase. Y lo oyeran a la vez Almudena y José y Garci y todos éstos, y Lucía, Pedro, Lucía, que estaba detrás, esperando el treinta y siete y la sentíamos los dos. Lucía, que nunca nos habló, que se nos hacía, piénsalo ahora, inaguantablemente introvertida y, en verdad, bastante borde. Lucía, que escondía todo un universo de sentimientos y momentos, diálogos hablados sobre la vida y el amor y otros no tan hablados sobre la belleza y la pasión. Es jodido ahora que me muero, Pedro, pero tengo claro que esa mujer sólo existía en nuestros pensamientos compartidos y que lo que había, allí, de pie mojándose los bajos de los vaqueros y esperando el treinta y siete, era Lucía, L. García, así, una letra, un apellido y una cara angelical.

Hablábamos del suicidio, tiene gracia que me acuerde precisamente de eso cuando pienso en tí y en los momentos en que esperábamos el autobús, toda la vida por delante, rodeados de sueños y imprecisiones conceptuales, de ideas de contrapicado en un alto hierbal con mucha saturación. Es irónico, a la vez que patético.

Y qué decir del amor. ¿Se te ha ocurrido leer la interpretación que hace la Real Academia? Estuve el otro día leyéndola. Varias veces. ¿Encontrarás tú la piedra sagrada, ahora que te dejo sólo en la búsqueda? Yo me retiro sin esperanza, ya lo sabes. Pero, díme, ¿la tuvimos alguna vez? ¿No sentías la herida, que escocía, cada vez que creías acercarte a la piedra sagrada? ¿No es entonces cuando entendías que la búsqueda no trataba de la piedra en sí, sino que era una búsqueda del por qué de ese escozor? ¿Y no es así, curado con el tiempo de todo artificio, que sabías, odiándote, que esa herida la hizo quien nos privó del significado de lo que creemos anhelar? Yo lo supe con el tiempo: no existe el amor Pedro. No es más que el nombre que cada uno da al conjunto de sentimientos proyectados en el otro y mezclados con el sexo que utilizamos para llenar el vacío de ser máquinas destinadas a perderse y olvidarse.

Puede que al final todas sean ellas y nunca encuentres una Ella. Míralo, mira mira encontrar una Ella en algún momento de tu paso por las vías, algún día de tanto sol y tan poca expectativa, impotencia, ansiedad, melancolía | enojo, desconcierto, deseo, intensidad |me paso el día sintiendo los aeropuertos..., mira ir, avanzar sobre la acera y un charco y una Montaudon sin Montaudon, mira que no quiero llegar por lo efímero de la idea pero tu sí y vas entonces y encuentras una Ella. Punto y aparte.

El sentido de la forma. Ideas instantáneas del yo, Pedro. ¿Qué somos sino fugaces momentos de lucidez? De mínima consciencia. Y así también el concepto del no todo ellas, del encuentro cerca de la Montaudon y de tu vida en un charco. Por eso punto y aparte, corte sin fundido, pum, encontrar a Ella, conocerla tú, estar tú/Ella/lugar. O tú/Ella (aquello para los románticos). Y entonces desenfocado. Verlo y ya no más. Pero Pedro, pero Pedro: ¿Ella, o una Ella? Porque ¿no es entonces, entonces si una Ella y no Ella, que sería otra ella? ¿No lleva implícito en su definición, en su fundación detrás de la caverna, que sea única absolutamente?

Pues eso. Y que no seas tan cabezón.
......................................................................................
continuará...................................................................

servido por Miguel 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Pantomime

Pantomime dijo

brutal e.
brutal.
bua
como te cebas

12 Junio 2006 | 09:44 PM

marmaduke

marmaduke dijo

cojonudo,pica la curiosidad de saber quien-es-quien, aunque alguno se adivina.

Sobre lo de lucia ,siempre por encima de los demás, creyendose una semi-diosa, con un EGO mayor que un puto tren...que se meta su puto EGO por el muladhara (si esa zona tan curiosa entre los genitales y el ano llamada perineo).

-esperando actualizacion

3 Julio 2006 | 03:28 AM

Pantomime

Pantomime dijo

es que guapisimo effm...
una sección de Adios en la revista... efmras·##"!
2··#6¬ algo de Adios
y...marma,no era tanto su ego, aunque""~~$ aun esta por adivinar··$$$·q

4 Julio 2006 | 01:35 AM

albatrops

albatrops dijo

desde florencia,yo digo que si.digo si si.y luego coges el si y lo pones detras de la pregunta que kieras.un si comdin.va?

6 Julio 2006 | 04:50 PM

Miguel

Miguel dijo

Es jodido un sí detrás de cada cosa, pero tiene algo de sentido. Justo el contrario a la conclusión a la que he llegado. Así que, al ser lo contrario, tiene lo mismo de verdad y de unidad.

Y gracias.

6 Julio 2006 | 04:57 PM

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Adios: Confesiones de un suicida

Madrid, España
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Miguel Ramos Alcántara. Tengo 24 años y un día de estos dejaré de vivir, para siempre (espero; si no, menuda gracia). Lo decidí ya hace un tiempo y, como cuando uno dice sí sí, ahora salto, me tiro del tobogán, y hasta que no está en el borde y debe soltarse no sabe lo que significa su decisión, estoy en un momento de tránsito. Pero con la decisión muy firme.

Antes de morir, quiero escribir a alguna gente querida y no tan querida que ha pasado por mi vida los últimos años.

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